dijous, 10 de desembre del 2009

Pesebre y Evangelios

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El «pesebre» o «belén» es una tradición popular muy enraizada en Cataluña, aunque no sólo aquí; descubrimos la costumbre del belén navideño por todo el mundo. Podemos encontrar pesebres en muchos países europeos, África, Latinoamérica, Estados Unidos, etc.

Su origen histórico se remonta al siglo XIII. En la Navidad de 1223, Francisco de Asís, en una ermita de Greccio, un pequeño pueblo situado entre Roma y Asís, organizó el primer belén viviente de la historia; incluso consiguió que se celebrase la Eucaristía en el lugar, ante la primera representación viva del Nacimiento de Jesús. La tradición se conservó desde aquel momento y el paso a belenes con figuras fijas no tardó en llegar. La costumbre de pesebres vivientes goza también de una larga historia en nuestras tierras: «El Pessebre Vivent» de Corbera de Llobregat; el «Pessebre» de Bàscara; el de les Torres de Fals; el «Belén de los oficios olvidados» en Sant Guim de la Plana; etc.

Aunque, lógicamente, su inspiración y fundamento son bíblicos, concretamente de los Evangelios. Está cimentada en los datos que nos proporcionan prioritariamente los evangelios canónicos, concretamente los de Mateo y Lucas. Ambos conservan los llamados «relatos de la infancia», aunque con acentos distintos.

En el evangelio de Mateo descubrimos la escena de María con el niño; la de los magos o sabios de Oriente guiados por una estrella hasta Belén, el lugar donde ha nacido Jesús, para adorarlo; la figura de Herodes, la matanza de los inocentes y la huida a Egipto (cf. Mt 2,1-23).

Por su parte Lucas sitúa también la escena del nacimiento en Belén, en un establo, donde María, junto con José, ponen al niño en un pesebre (un comedero de animales), «porque no encontraron lugar donde hospedarse»; el anuncio del acontecimiento, por parte de un ángel, a unos pastores que dormían al raso, indicándoles que es una «buena noticia», una gran alegría para todo el pueblo (cf. Lc 2,1-20).

Lo fundamental de nuestros pesebres –igual que en el de Francisco de Asís– está tomado prestado de estos dos relatos. Aunque la tradición popular ha añadido otros elementos, algunos de ellos proporcionados por algunos evangelios apócrifos piadosos, como la tradición del buey y el asno (o la mula). Como seguramente no son tan conocidos como los evangelios canónicos, los citaré literalmente (indudablemente no debemos dejar de leer y meditar las narraciones de Mateo y Lucas):

El tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y depositó al niño en el pesebre, y el buey y el asno lo adoraron. Entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: El buey ha conocido a su dueño y el asno el pesebre de su señor.
Y estos mismos animales, que tenían al niño entre ellos, lo adoraban sin cesar. Entonces se cumplió lo que se dijo por boca del profeta Habacuc: Te manifestarás entre dos animales. Y José y María permanecieron en este sitio con el niño durante tres días.

(EvPsMt XIV,1-2)

Y había en la cueva un buey, un caballo, un asno y una oveja, y junto al pesebre yacía una gata con sus crías; y también había palomas sobre ellos, y cada animal tenía su compañero, un macho o una hembra.
Aconteció, pues, que El nació en medio de los animales, porque vino para liberarlos también a ellos de sus sufrimientos. El vino a liberar a los hombres de su ignorancia y egoísmo, y a manifestarles que son hijos e hijas de Dios.
(EvXII 4,4-5)

El primer texto del Evangelio del PseudoMateo justifica la presencia del buey y el asno a partir de dos citas proféticas: Is 1,3 y Hab (LXX) 3,2; y la presencia de animales se multiplica en la cita del Evangelio de los Doce.

La tradición del pesebre hunde sus raíces más profundas en los datos bíblicos, adornado con alguna otras tradiciones menores de la piedad popular. El pesebre nos habla del verdadero sentido de la Navidad, es una catequesis iconográfica, forma parte de nuestra cultura... Os invito a mantener la buena costumbre de poner el belén en nuestras casas, en nuestros centros sociales, en...

El pesebre nos recuerda que Jesús es «Dios con nosotros»; es presencia amorosa en medio de nuestras vidas, nuestras familias, nuestras comunidades, nuestro mundo.
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Javier Velasco Arias

dijous, 3 de desembre del 2009

Una propuesta muy interesante

Este curso celebramos la décima edición del Premio de Ensayo de Cultura Bíblica y aporta diversas novedades con respecto a ediciones anteriores.

El primer cambio afecta al nombre del evento. Deja de llamarse «Concurso bíblico» para denominarse «Premio Edith Stein», con el subtitulo «de Ensayo de Cultura Bíblica». La palabra «premio» define mucho mejor el sentido de este evento que «concurso» con posibles connotaciones de competición. Queremos premiar, mejor, el esfuerzo de hacer una lectura actual de los textos de la Biblia. Además lo hemos «bautizado» con el nombre de una persona: «Premio Edith Stein».

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dimecres, 18 de novembre del 2009

II Semana Bíblica: «María, atenta a la Palabra»


Éste es el segundo año que se organiza en Barcelona una semana bíblica. El año pasado fue sobre san Pablo, aprovechando la celebración del «Año Paulino». En esta ocasión es sobre María, la madre de Jesús, bajo el título «María, atenta a la Palabra». Ella, nos dice el evangelista Lucas, la «guardaba y meditaba en su corazón» (Lc 2,19.51).

En esta ocasión tendremos la oportunidad de disfrutar, durante varios días, de conferencias, un concierto musical, plegaria, dinámicas para jóvenes y también para niños y niñas... Todo un elenco de actividades para saborear la Palabra de Dios, y con la posibilidad de participar en actos de gran categoría intelectual, de profundad teológica; pero también de momentos de oración y, como no, también lúdicos.

La entrada es libre. ¡Estáis todas y todos invitados!


dijous, 12 de novembre del 2009

El ser humano en la Creación


Los dos textos bíblicos principales que mencionan al hombre y a la mujer en relación a la Creación de Dios son Gn 1,2-4a y Gn 2,4b-25, los dos relatos del primer libro de la Biblia hebrea y cristiana.

La Creación es contemplada como el inicio de un diálogo amoroso entre Dios y el ser humano. En ambas narraciones la persona humana es mostrada como el centro del acto creador. El hombre y la mujer son presentados como seres capaces de escuchar y responder a Dios.

La imagen que nos proporcionará la Biblia sobre la creación es la de un Dios que ha hecho todas las cosas con bondad. De manera que todo lo que haga referencia a la creación, al origen, participará de esa bondad original: «Y vio Dios que era bueno». Esta expresión se repetirá letánicamente después de cada acto creacional. El mal, la violencia, la muerte no están en el inicio de la obra creadora; serán la consecuencia de apartarse de ese plan original de Dios.

En el centro de la creación está el ser humano. En ambos relatos el hombre y la mujer son los principales destinatarios de toda la obra de la creación. En las cosmogonías mesopotámicas, contemporáneas de los relatos bíblicos, el ser humano es presentado como emanación de Dios o parte de la deidad, pero aún así esclavo de los dioses. En cambio, en las narraciones del Génesis la persona humana es mostrada como la más sublime criatura, imagen del propio Dios (no emanación o parte de un dios), en el sentido de que puede participar de una relación dialogal con Él, y es invitada a ser «rey» de la creación, responsable de ella.

El hombre y la mujer son vistos como complementarios, iguales en dignidad teológica (ambos son imagen de Dios: primer texto [Gn 1,27]) y antropológica (de la misma carne y de los mismos huesos: segunda narración [Gn 2,23]); creados para ser fecundos, para multiplicarse (Gn 1,28) y como ayuda mutua, como apertura del uno al otro (Gn 2,18.24). Es una visión muy optimista de las relaciones entre el hombre y la mujer. Pertenece a la bondad de la Creación. El ser humano, la relación entre los sexos se convierte en una manifestación de la imagen de Dios. La igual dignidad y la doble misión, la procreación, pero también la ayuda mutua, el tenerse el uno al otro, nos proporcionan una visión «revolucionaria» para el momento y, al mismo tiempo, muy actual.

El Dios de la Creación que nos muestra la Biblia hebrea es un Dios próximo, es Alguien en diálogo con la persona humana. Quiere el bien del ser humano: es su mayor empeño. Se hace presente, desde el principio, desde el inicio de los tiempos, desde la Creación, en la historia de la humanidad. Pero, al mismo tiempo, es sumamente respetuoso con la libertad humana. Su plan amoroso es la mejor opción, la más respetuosa con la dignidad humana; aunque siempre es una propuesta, nunca una imposición.

Javier Velasco Arias
http://humano.ya.com/javier-velasco/
http://jvelascoa.blogspot.com/

divendres, 30 d’octubre del 2009

Creación vs. Origen del Universo


Uno de los errores más frecuentes al hablar de la Creación o del origen del Universo es confundir ambas cuestiones y, consecuentemente, acabar sin saber de qué estamos hablando. Son dos realidades emparentadas, si queremos complementarias, pero se corresponden a dos perspectivas distintas.

Cuando hablamos de Creación estamos utilizando un lenguaje religioso. Estamos aceptando que existe un Creador. Mientras al hablar del origen del Universo, nuestro referente es la ciencia. Son dos planos diversos, lo que no significa enfrentados. La mayoría de creyentes formados comparten uno y otro. Pienso que muchos de los desencuentros entre ciencia y fe son consecuencia de confundir ambos planos, por unos y por otros.

La Biblia no responde a la pregunta: «¿cómo o cuándo se formó el Universo?» La respuesta le corresponde a la ciencia. Es la ciencia la que estudia el cómo y el cuándo. La comunidad científica habla mayoritariamente del origen del Universo como el instante primigenio en que después de una gran explosión –¿el Big Bang? – apareció toda la materia y toda la energía que hay actualmente en el universo. No intento dar una clase de cosmología, entre otras cosas porque es un tema del que no soy especialista. Simplemente busco diferenciar la respuesta de la ciencia y la de la fe.

En la Palabra de Dios hayamos respuesta a otra pregunta distinta, insisto no enfrentada a las anteriores cuya contestación corresponde a la ciencia. La comunidad de fe se pregunta por el «¿quién?» es el artífice de la Creación y el «¿porqué?». La respuesta es presentada de una manera sencilla, principalmente en dos textos del primer libro que encontramos en la Biblia: Gn 1,2-4a y Gn 2,4b-25. El primero nos presenta la creación del mundo, a partir del caos original, en el marco de una semana: el culmen de esta creación es el ser humano, hecho hombre y mujer a imagen y semejanza de Dios; es un texto que responde posiblemente a una fuente del s. VI a.C., y donde el autor sagrado responde a las inquietudes religiosas de su comunidad. El siguiente pasaje, aunque está después en el texto definitivo, la mayoría de estudiosos sitúa su origen, cronológicamente, antes (algunos lo remontan al s. X a.C.) El autor, guiado por el Espíritu Santo, muestra al hombre en el inicio del acto creador, y el resto de la creación responde a cubrir sus diversas necesidades. La mujer, en esta narración, goza de la misma dignidad antropológica que su compañero el hombre: es de su misma carne y de sus mismos huesos.

Lógicamente ninguna de las dos narraciones presentadas son científicas: no tienen, ni remotamente, ese interés. Y es algo, por otro lado, imposible con los conocimientos cosmológicos de la época en que se escribieron. Su único interés es religioso, teológico, existencial, comunitario. En la Biblia son las respuestas que hemos de buscar, no otras.