dilluns, 25 de maig del 2009

Biblia y sociedad catalana


Vivimos en una sociedad en la que prima la laicidad, y esta realidad es algo positivo para la sociedad y también para la Iglesia. Ya el concilio Vaticano II subrayó, en la constitución sobre la Iglesia en el mundo actual «Gaudium et Spes», la justa y necesaria autonomía de las realidades temporales (n. 36). Una sana laicidad nada tiene que ver con la pretensión de mantener ciertos privilegios del pasado; pero tampoco con un laicismo beligerante, poco respetuoso con las manifestaciones públicas de lo religioso. Es en este marco en el que el intelectual católico ha de aprender a moverse, y a hacerlo con libertad. Más aun, ha de reivindicarlo como lugar propio, sin complejos.

En este contexto, ¿qué lugar ocupa la Biblia?; ¿qué palabras, qué gestos puede (debe) proponer el biblista a la sociedad actual, en nuestro caso la catalana?

La Biblia forma parte de nuestra cultura occidental. El arte, la cultura, incluso gran parte de nuestro lenguaje es incomprensible sin la Biblia. Muchos de los valores de nuestra civilización tienen su origen en el ámbito bíblico. La figura de Jesús de Nazaret sigue entusiasmando, continúa produciendo admiración en muchas personas, también entre los jóvenes.

Mi experiencia en grupos de animación bíblica, cursos, charlas, conferencias, etc. avalan la percepción de que la Biblia cuando se conoce, cuando se explica con pasión y con ciencia –las dos perspectivas se complementan– produce asombro, admiración, entusiasmo, despierta interrogantes… El último curso en la Universidad de Barcelona sobre «Jesús, un personaje histórico» (crédito de libre elección ofertado por el «Secretariat de Teologia a la Universitat»), que he impartido este año, me ha permitido, una vez más, el comprobar cómo la figura de Jesús llama la atención, impresiona también a las personas no creyentes. El número de alumnos/as fue algo limitado, pero aún así (quizás por eso) el curso ha sido muy interesante. El aprovechamiento del estudio fue muy similar en todos y todas, independientemente de su fe o su falta de ella. A la generalidad le impresionó la figura de Jesús.

No estoy intentando «pintar de rosa» la realidad que nos envuelve, nuestra sociedad. Sería un iluso. La situación, soy consciente, no es fácil. Pero sí estoy convencido que con una visión pesimista, derrotista… no hay nada que hacer. Ahora estamos conmemorando los 25 años de la muerte del gran teólogo del siglo XX Karl Rahner. En su obra «Oyente de la palabra» defiende que el ser humano es alguien abierto a la transcendencia, tiene «capacidad» de oír, de escuchar la revelación de Dios. Muchas veces he constatado esta afirmación. También en nuestra sociedad actual, en la sociedad catalana, las mujeres y los hombres tienen esa «capacidad». Nuestra tarea es descubrirla, alimentarla, potenciarla… Sin perder la esperanza, sin desalentarse. No es fácil, pero sí es posible.



Javier Velasco Arias
jvelascoa@gmail.com

dimarts, 28 d’abril del 2009

16 de Maig, un gran dia

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dilluns, 6 d’abril del 2009

La Bíblia: ¿un libro o una biblioteca?

La primera ocasión que se utilizó el nombre de Biblia para referirse a los textos sagrados judíos fue en Alejandría (Egipto). Fue allí donde se hizo la primera traducción de los textos hebreos al griego, entre los siglos III y II a.C., conocida como “Biblia de los LXX” o “Septuaginta”. La expresión griega utilizada para darle nombre fue biblos, cuyo significado es: corteza de papiro; escrito; libro; documento; etc. De forma que esta palabra hacía referencia tanto al material en el que se escribía (papiro) como al documento en sí. La Carta de Aristeas, escrito judío (en lengua griega) del s. II a.C., es el primer documento que habla de biblos para referirse a la traducción griega de los LXX.

Ya en los primeros siglos cristianos, entre los Padres de la Iglesia (la Patrística), se hizo común utilizar el plural “los libros” (ta biblia) para hablar de la Biblia cristiana. De manera que el nombre que ha llegado a nosotros, Biblia, etimológicamente tiene el sentido de libros, colección de libros o biblioteca. Así que en esta primera aproximación, podemos afirmar que la Biblia es más una biblioteca que un libro; aunque actualmente estemos acostumbrados a verla, con frecuencia, encuadernada en un solo volumen.

La Biblia contiene un conjunto de documentos, escritos a lo largo de aproximadamente diez siglos y, por consiguiente, una literatura diversa. Pero la diversidad no sólo es consecuencia de la distancia cronológica entre los diversos libros, sino también por los distintos géneros literarios que reconocemos en ellos. En la Biblia encontramos historia, literatura sapiencial, épica, poesía, cánticos, novela, textos legislativos, profecía, plegaria, género epistolar, evangelios, apocalíptica, etc. Todo un elenco de géneros literarios; toda una biblioteca con obras literarias bien variadas. Este vasto legado literario y cultural ha dejado su huella indeleble en nuestra civilización occidental y europea. Es una realidad incuestionable.

La Biblia nos permite aproximarnos a una cultura, a un pueblo, a una religiosidad que tanta importancia ha tenido y tiene tanto en Oriente como en Occidente. Es una colección de textos considerados sagrados para un número importantísimo de personas, aún hoy en nuestros días. Aún actualmente su lectura, para muchos, resulta apasionante.

Pero, aun reconociendo que la Biblia es toda una biblioteca, tanto judíos como cristianos la consideramos, la vemos como una obra con un denominador común: en ella descubrimos el plan de Dios para la humanidad, su Palabra, su oferta de diálogo amoroso. Por esta razón hablamos de Biblia, en singular. Los diversos libros de la Biblia, todos ellos, forman parte del canon, es decir, son normativos para la comunidad de creyentes. En ella descubrimos la propuesta de salvación, de felicidad, de sentido para la vida. Y, por eso, hablamos de ella en singular, por su singularidad.

Esta doble perspectiva no es contradictoria; por el contrario, los dos enfoques son complementarios. Desde una perspectiva literaria y cultural, la Biblia es una valiosa biblioteca, donde podemos disfrutar de toda una riqueza de géneros literarios. Y, al mismo tiempo, descubrimos la revelación de un Dios que dialoga con la humanidad y se hace presente en medio de ella.

Javier Velasco Arias

Para más información:
jvelascoa@gmail.com

Beber de la roca

Actividades

Nueva colección de la Editorial San Pablo: Beber de la roca

dimecres, 25 de març del 2009

Primavera

Al Concurs Bíblic hem penajt un petit recull dels textos i les preguntes del Concurs del 2008. Les respostes les indicarem en uns dies, de moment aprofiteu i entreneu.

Ja estàn llestes les Activitats d'Abril al CCU. Escull!