dijous, 20 de setembre de 2012

«Los rostros de Dios en la Biblia»

Sevilla ha sido el escenario del «III Congreso Bíblico Internacional: “Los rostros de Dios en la Biblia”» (3-5 de septiembre de 2012), celebrado en el «Centro de Estudios Teológicos de Sevilla», con la asistencia de algo más de doscientos congresistas. En el acto inaugural presidió la mesa Mons. Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, y junto a él D. Gregorio Serrano, primer teniente alcalde de Sevilla; Dª Teresa García Gutiérrez, vicerrectora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Sevilla; D. Ramón Valdivia Giménez, director del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla; y D. Santiago Guijarro Oporto, director de la Asociación Bíblica Española. El Arzobispo de Sevilla inauguró el evento encomendando a Dios los frutos científicos y espirituales del Congreso.
Los trazos del cuadro del Congreso lo han marcado, especialmente, las cuatro ponencias:

1.  Ronald S. Hendel (Universidad de California, Berkeley), The Emergence of Monotheism: God and the gods in the Tetrateuch (El surgimiento del Monoteísmo: Dios y los dioses en el Tetrateuco).
Su intervención partió de la «visión» de Blaise Pascal del «Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos ni de los letrados». Pascal reclama las «razones del corazón» frente a los diversos racionalismos. El ponente reivindicó las representaciones «nativas» israelitas presentes, según él, en los escritos yahvista (J), elohista (E) y sacerdotal (P) de los cuatro primeros libros de la Biblia; dentro del proyecto de exploración de la memoria cultural de la Biblia.
En la fuente E el Dios de Moisés es identificado con el Dios de los patriarcas, creando una continuidad que va desde Abraham hasta Moisés. También aparecen los «dioses ajenos», reminiscencias de politeísmo, que deben repudiar. Estos dioses, no obstante, son tratados con cierto respeto (son enterrados en un lugar sagrado) y con una positiva visión tolerante. No obstante, el Dios de Moisés es el único al que han de dar culto.
La revelación a Moisés en la zarza ardiendo representa el momento álgido de la revelación divina en la fuente J. Pero J intenta mostrar que el culto a Yahvé tiene su inicio en los orígenes, ya es invocado como tal por Enós, nieto de Adán (Gn 4,26), y se convierte en un estribillo en las diversas narraciones patriarcales. Los «otros dioses» que aparecen son seres divinos al servicio de Yahvé.
La historia de la religión en P presenta a un Dios transcendente, eliminando, casi totalmente, la posibilidad de otros dioses. Dios crea a los seres humanos «a imagen de Dios». El Dios de P es el Dios de los pactos, de las alianzas; pero también es el Dios de la santidad, de la distancia, de la necesidad de purificación.
Hendel argumenta que la historia de la religión presente en esta triple perspectiva «pueden ser consideradas como diferentes construcciones de la memoria cultural, es decir, representaciones autorizadas del pasado con relevancia en el presente».

2.   Moisés Mayordomo Marín (Universidad de Berna), Dios de paz, Dios violento – Ambivalencias teológicas desde el Nuevo Testamento.
Dio inicio a su ponencia citando a varios autores de la antigüedad que criticaron la visión de un Dios (o dioses) violento. Platón considera que corresponde al fruto de las fantasías de los poetas; Filón de Alejandría, en su tratado sobre Abraham, discurrió que el Dios que produce temor es fruto de una visión limitada e inmadura de la divinidad; y Marción, por su parte, considera que el Dios creador, del Antiguo Testamento, es antitético, incompatible con el Dios de Jesús: el primero es el Dios de la justicia, el causante del mal, mientras que el segundo es el Dios bueno.
Ya en el Nuevo Testamento, sugirió el análisis de dos textos: el Sermón del Monte (Mt 5-7) y el Apocalipsis.
a)     En el Sermón del Monte aparece, en boca de Jesús, la máxima «Amad a vuestros enemigos» (Mt 5,44), que es la extensión máxima posible del amor al prójimo.
Y la razón no es ni filantrópica ni utilitarista: «para que seáis hijos de vuestro Padre…» (v. 45).
Subrayó diversos aspectos de la anterior afirmación:
-          Es una metáfora paternal: Dios es Padre. El cuidado paternal es extensión de su acción creadora; donde el «Padrenuestro» está en el centro del Sermón del Monte.
Padre e hijos crean una realidad recíproca.
Queda realzada la imparcialidad, la integridad de Dios.
-          Es un mensaje inclusivo: la bondad universal del Padre.
-          Se produce una relación estrecha entre teología y moral.
Invita a vivir con una bondad «extravagante».
Impulsa a la imitación de la misericordia y bondad de Dios. La bondad, y no el juicio divino, es lo determinante.
La fe es en un Dios-Padre que incluye su misericordia a todo ser humano.
      b)      En el libro del Apocalipsis, de una manera especial en Ap 16,5-7.
La sed de justicia parece calmada con la destrucción de «Babilonia».
Nos situamos en el contexto histórico difícil de la comunidad de Asia Menor, en tiempo de Domiciano. Aunque, comenta, las imágenes violentas del Apocalipsis no se corresponden con la realidad histórica, están sobredimensionadas.
El texto busca una respuesta a una situación de injusticia.

3.  Natalio Fernández Marcos (CSIC – Centro de Ciencias Humanas y Sociales, Madrid), El nuevo lenguaje religioso del judaísmo helenístico.
Comenzó su intervención constatando cómo Alejandro Magno cambió el panorama lingüístico y cultural. Y eso se traduce en:
a)     Una helenización del judaísmo. En el s. III a.C. se traduce al griego la Torá y los historiadores judíos comienzan a utilizar la retórica para legitimar ante el helenismo las tradiciones religiosas judías.
b) La religión griega se transforma. Hay una «internacionalización» de las deidades; asumiendo como propios las divinidades de otros pueblos. Recibe influjos de Oriente, junto a una vuelta a tradiciones antiguas como el orfismo. Se producen ciertas tendencias henoteístas e incluso monoteístas.
c)      Cambios en la religión judía. El encuentro con el helenismo llevó a una reformulación del judaísmo: la traducción de la LXX; los nombres de Dios (Kyrios, Theos…); el triunfo del monoteísmo, acentuada en la LXX.
En el judaísmo del Segundo Templo declina el uso del Tetragrama y su pronunciación.
Al Dios de Israel se le aplican diversos títulos helenistas: Dios de los cielos, Señor del cielo, Altísimo, Rey absoluto (Sirácida), Pantocrator, etc. La lengua griega les permite subrayar el poder de Dios; algo que se observa especialmente en los libros más tardíos.
Se extiende la convicción que autores helenistas judíos y no judíos adoran al mismo Dios, sólo que con distintos nombres (cf. Hch 17,11-28).
d)     Yahvé y lo femenino. Hay una personificación de la Sabiduría (cf. Pr 1,9; Sir 24,6; etc.). Posteriormente, en el judaísmo rabínico, ya no queda lugar para lo femenino.

4.    James D. G. Dunn (Universidad de Durham, Reino Unido), The Human Face of God: God and the Christology of The New Testament (El rostro humano de Dios: Dios y la Cristología del Nuevo Testamento).
Dunn afirmó que la Cristología comienza con el impacto que Jesús de Nazaret y, sobre todo, su resurrección, produjo en sus discípulos. Y propuso una secuencia cronológica en dicha Cristología:
a)     La convicción de que Jesús era el hijo de Dios. Ya la primera generación cristiana reconoció a Jesús como hijo de David e hijo de Dios; la forma de dirigirse Jesús a Dios como «Abba» será su seña de identidad. Aunque él ponente opina que éste título originalmente hay que entenderlo en un sentido metafórico, como aclaró a una de las preguntas de los asistentes. No obstante, «Hijo de Dios» es percibido, cada vez más, entre sus primeros discípulos, como «el Hijo único de Dios».
b)     Un segundo título, convertido tempranamente en confesión bautismal, es «Jesús es Señor», sobre todo a partir del impacto de su resurrección. La expresión «Señor», en griego kyrios, es el término usado en la LXX para traducir la palabra hebrea YHWH, el nombre de Dios. La confesión de que Jesús es Señor planteaba la cuestión de cómo se compaginaba con la afirmación más fundamental que Dios es uno.
c)      A Jesús se le aplica, también, el lenguaje usado para describir la Sabiduría divina. Partiendo de que «la Sabiduría / Palabra divina es Dios mismo en la medida en que puede ser conocida por la humanidad». Jesús es la Sabiduría de Dios. Los primeros discípulos buscan un lenguaje adecuado para expresar la singularidad de Jesús, ya que éste no es simplemente un mensajero o un representante de Dios.
d)     También Jesús es reconocido como la encarnación de la Palabra de Dios, antes del final del s. I, en el evangelio de Juan. Aunque el ponente puntualizará: «Hablar a la ligera de Jesús como pre-existente es socavar el concepto mismo de “encarnación”, perdiendo, en efecto, algo vital en la singularidad de Jesús, el Verbo encarnado, como la revelación de Dios, de sí mismo, en un momento histórico y en un lugar concretos».  La cuestión, argumentará, es si el cristianismo es monoteísta o no.
Alegó que Sabiduría y Palabra eran simplemente intentos de formas de expresar la acción de Dios en la creación, en la revelación, en la redención. Entenderlas como realidades «intermediarias» es una explicación insatisfactoria; de igual manera que es insatisfactoria la categoría de «hipóstasis». Sabiduría y Palabra son imágenes vivas, poéticas para hablar de Dios. Argumentó que «hablar de Dios como tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin duda ha hecho que sea más difícil mantener el monoteísmo cristiano». Lo que sí se ha de mantener y es característico de este primer período es que «Cristo es el rosto humano de Dios»

Además de estas cuatro grandes ponencias, el Congreso contó con seis aulas diferentes (Biblia y Oriente Antiguo, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Escritos Intertesmentarios y Rabínicos, Nuevas Hermenéuticas, y Biblia y Cultura), que durante los tres días que duró el evento estuvieron ofreciendo, a todos los asistentes, más de 70 comunicaciones diferentes. En ellas intervinieron estudiosos de diversas Universidades y Facultades tanto teológicas como civiles de España, pero también de Escocia, Reino Unido, Austria, Bélgica, Roma, Dinamarca, Alemania, Polonia, USA, Canadá, Perú, Bolivia y Brasil. Todo un elenco de intervenciones que confirmó la internacionalidad y nivel del Congreso.
A todo ello hay que añadir, como colofón, la exposición «A través de los siglos: Historia del texto bíblico», organizado por la «Asociación Bíblica Española» y dirigido y coordinado, como comisarias de la muestra, por Mª Teresa Ortega Monasterio y Guadalupe Seijas de los Rios-Zarzosa, en el marco de la «Casa de la Ciencia (CSIC)» en Sevilla.

Javier Velasco-Arias